Cuenta la historia que, en la Asamblea Nacional Francesa de 1789, en plena Revolución, los diputados se dividían literalmente por dónde se sentaban: a la derecha, quienes defendían la monarquía, la religión y los privilegios del Antiguo Régimen; a la izquierda, quienes impulsaban cambios más radicales: soberanía popular, república, igualdad ante la ley y fin de los privilegios de nobles y clero.
De esa simple disposición espacial nació la división simbólica que aún hoy persiste: derecha como defensa del orden establecido e izquierda como apuesta por la igualdad y la transformación.
Hoy, algunos la definen como el pensamiento que cuestiona la posesión de los medios de producción y de la infraestructura social, desde donde surge la búsqueda de equidad.
Otros la entienden en un sentido más amplio, asociada a la justicia social y la distribución de la riqueza.
Según ChatGPT, la izquierda es una corriente amplia que busca mayor igualdad social, muchas veces dentro del capitalismo.
¿Sigue teniendo sentido hablar de “izquierda” y “derecha” en un mundo donde, incluso sus diferencias, se juegan dentro del mismo marco capitalista, el modelo económico históricamente asociado a la derecha?
Se abre el debate.
1 comentario:
Podría tener sentido reubicar (nos), más a la izquierda y empujar a la antigua izquierda hacia su lugar en el centro, pero esto no es novedad, ya lo sabemos desde niñxs, el desafío es cómo hacer eso y según creo, es lo que ha costado en lo empírico/realidad desde hace años atrás, con movilizaciones importantisimas, autogeneradas y sin conducción, y ahí es donde uno se pregunta que faltó y el análisis es muy variado dentro de los mismos /propias organizaciones y dentro del mismo análisis, cuál sería la alternativa?
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